Thursday, November 27, 2014

Nicolás

Se sentó en la tierra apoyando su espalda sobre una roca al lado del camino. Sus pies no podían dar un paso más.   Había caminado por horas bajo el furioso sol del Valle del Elqui.   Hubiese deseado un poco de sombra, mas la roca que le servía de apoyo no era lo suficientemente grande como para protegerlo.   De cualquier forma, el sol estaba en su punto más alto y nada parecía poder escapar de sus rayos. 
Tiempos pasados corrieron frente a sus ojos, como escenas de una película vista mil veces pero vivida sólo una.   Imágenes de una época feliz que ya no volvería, pero que jamás dejaría que se marchara.   Ellas lo habían traído hasta aquí.   El recuerdo de la felicidad que ahora yacía en aquel terreno seco. 
El cuadro se fue tornando tangible, cercano, real, a medida que sus ojos recorrían el entorno.  Lo había logrado, había llegado hasta el lugar donde su mejor amigo había decido que sería su última morada.  Se puso de pie para recorrer los pocos metros que le faltaban hasta el punto exacto.  Las lágrimas, por tanto tiempo guardadas, se asomaron sin previo aviso y rodaron por sus mejillas hasta lanzarse en caída libre hasta la suelo bajo sus pies. 
Allí, en algún lugar mezclado entre la tierra y la vegetación estaba él. Quizás el viento se había encargado de esparcirlo aún más lejos. "Eso es lo que él hubiese querido" pensó, "ser parte de todo lo que pudiese alcanzar". Aún así, sin pensarlo dos veces, se dejó caer sobre el polvoriento camino y apoyó su rostro en el suelo. Tal vez, entre piedrecillas y tierra aún estaba su amigo esperando el reencuentro.