Desde el momento en que nacemos, nuestros padres ya sueñan con lo que haremos con nuestras vidas. Sus mentes crean mundos completos, imaginando las mejores posibilidades para nuestro futuro. Pasan los años y de a poco nos van inculcando el valor de tomar las decisiones correctas para armar nuestro gran proyecto de vida. Pero, ¿qué pasa cuando somos nosotros los que no nos interesamos en tomar las riendas de nuestra vida?
Aún recuerdo no saber qué responder en mi adolescencia cuando me preguntaban qué pensaba hacer o estudiar luego de salir del colegio. No sabía bien que sería de mí incluso un año después de egresar de la educación media. Pero de un momento a otro me di cuenta que mi destino ya tenía un rumbo definido.
Pero no todos los jóvenes de mi edad han tomado su destino en sus propias manos. ¿Qué pasa con todas esas personas que aún están en el limbo de la vida, que todavía no se preocupan por ellos mismos y que dejan que su tiempo corra sin tener un punto específico en el horizonte al cual llegar?
Sí, aunque a algunos nos parezca difícil de creer, existe un número importante de jóvenes que aún dependen de sus padres, no poseen nada de valor y sólo saben “carretear”. Hay otro grupo, no sé si peor o igual al anterior, en el cual se justifican diciendo estar trabajando pero a pesar de ello viven llenos de deudas por pagar, pero ninguna por alguna posesión de valor, y nunca tienen plata más que para el “carrete”. Y está el típico esteriotipo norteamericano del hombre adulto que colecciona revistas de historietas y vive con su madre, la cual lo “mandonéa”.
¿Qué pasa por la mente de aquellos entes, alguna vez pensarán en el futuro como un tiempo posible de conjugar en el presente? En realidad, me sorprende como saben el horario y valor de entrada de todos los pubs y discos de la ciudad, las botillerías existentes en un radio mayor que el de su propia población, el precio y calidad de todo tipo de licores y adoran a “don Miguelito” y piden que vuelva.
¿Qué pensarán sus padres, creerán que sus esperanzas serán realidad algún día o ya se habrán dado por vencidos? La mayoría levantan la voz y pelean tratando de hacerlos madurar mas sólo lograr hablarle a la pared, otros juran no invertir más dinero en sus diversiones nocturnas pero terminan sucumbiendo ante el increíble poder de convencimiento de sus retoños, algunos incluso se arriesgan en prestar sus autos, para en la mañana siguiente tener que lavarlos para quitarle el olor a alcohol y/o humo de cigarro, y conozco algunos que terminaron buscándolo en el corral municipal.
Siempre estamos los que tratan de darles una visión distinta de las cosas, los que discutimos tratando de hacerles poner los pies en la tierra, pero después de tantas peleas he llegado a preguntarme: Serán ellos los que están en lo correcto, soy yo quién debería perderme un poco más? o es sólo que cada quién enfrenta la vida como lo desea? al fin y al cabo, somos nosotros quienes tomamos la decisión final.
“Bendito Libre Albedrío”