Es increíble como el tiempo pasa y todo lo que creímos tan natural a nuestro alrededor se convierte en algo distinto, difícil… e incluso lejano.
Cuantas personas han pasado por nuestros caminos y se han separado, siguiendo sus propios senderos.
Cuantas personas se han marchado sin siquiera darnos tiempo para despedirnos.
Cada cierto tiempo, aquellas personas vuelven a nuestra mente, dejándonos una sensación de tristeza aún mayor al darnos cuenta de su ausencia.
Es durante esos momentos cuando me pregunto:
¿Qué hacemos con todo el amor que sentimos por ellas?
Siempre podemos tratar de buscarlas, llamarlas, visitarlas… o inventar cualquier formar de reanudar esa conexión, aun cuando sea por unos segundos, sólo para quedarnos tranquilos por otros largos días, semanas, meses o incluso años.
Pero, después de tanta gente contactada y de dar vueltas y vueltas nuestra agenda recuperando esos viejos números, o poner el mundo de cabeza para obtener los nuevos, te das cuenta que hasta ahora has sido la única parte que sigue buscando sus otras partes.
Entonces te es inevitable preguntarte:
¿Qué hacen los demás con el amor que se suponía sentían por ti?
Vas a sus casas, tratas de ver sus rostros buscando las respuestas y todo parece indicar que lo que han hecho con tal amor es guardarlo bajo llave en el cajón de los recuerdos. Y ni siquiera te atreves a aventurarte en descifrar si es en el de los malos o buenos.
Si, lo sé. Conozco ese sentimiento de frustración al sentirse un imbécil por continuar pensando en ellos como antes, sin saber si ellos al menos te reconocen.
Pero siempre existe una luz, y es que tienes que ser muy paciente pues en el instante menos pensado te lanzan una señal vital. Esa señal con la que sin palabra alguna te dicen cuanto te aman y lo felices que están porque los hayas encontrado.
En todo caso, te conoces bien y nunca dejarás de buscarlos.
Cuantas personas han pasado por nuestros caminos y se han separado, siguiendo sus propios senderos.
Cuantas personas se han marchado sin siquiera darnos tiempo para despedirnos.
Cada cierto tiempo, aquellas personas vuelven a nuestra mente, dejándonos una sensación de tristeza aún mayor al darnos cuenta de su ausencia.
Es durante esos momentos cuando me pregunto:
¿Qué hacemos con todo el amor que sentimos por ellas?
Siempre podemos tratar de buscarlas, llamarlas, visitarlas… o inventar cualquier formar de reanudar esa conexión, aun cuando sea por unos segundos, sólo para quedarnos tranquilos por otros largos días, semanas, meses o incluso años.
Pero, después de tanta gente contactada y de dar vueltas y vueltas nuestra agenda recuperando esos viejos números, o poner el mundo de cabeza para obtener los nuevos, te das cuenta que hasta ahora has sido la única parte que sigue buscando sus otras partes.
Entonces te es inevitable preguntarte:
¿Qué hacen los demás con el amor que se suponía sentían por ti?
Vas a sus casas, tratas de ver sus rostros buscando las respuestas y todo parece indicar que lo que han hecho con tal amor es guardarlo bajo llave en el cajón de los recuerdos. Y ni siquiera te atreves a aventurarte en descifrar si es en el de los malos o buenos.
Si, lo sé. Conozco ese sentimiento de frustración al sentirse un imbécil por continuar pensando en ellos como antes, sin saber si ellos al menos te reconocen.
Pero siempre existe una luz, y es que tienes que ser muy paciente pues en el instante menos pensado te lanzan una señal vital. Esa señal con la que sin palabra alguna te dicen cuanto te aman y lo felices que están porque los hayas encontrado.
En todo caso, te conoces bien y nunca dejarás de buscarlos.